A.C. El Encierro

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miércoles, 15 de agosto de 2012

Microrrelatos del encierro premiados en la edición de 2012

“Misa de 8”, Primer Premio  de la IX edición (2012) del concurso de microrrelatos sobre el encierro de Sanse


El relato ganador está escrito “al alimón”  por  Susana Fuentes y Roberto Martín, vecinos de Alcobendas. El segundo premio es para el madrileño Vicente Pérez, por su trabajo titulado “Encierro de hoy”.

 El jurado hizo público el  25 de junio su fallo sobre los premios  de la IX edición del concurso de microrrelatos sobre los encierros de San Sebastián de los Reyes que convoca  la A.C. El Encierro.

 El jurado estuvo presidido por Manolo Durán,  documentalista gráfico y presidente de la A.C. El Encierro,  formando parte de él Alberto Matiaces, concejal delegado de Festejos; Fernando Corella, humorista gráfico; Ainhoa Izquierdo, de la Casa de la Juventud y Pedro María Rivera, consultor de formación  y cohetero del encierro, que hizo las funciones de Secretario.

 Después de deliberar sobre los trabajos presentados, procedentes de varios puntos de la geografia española y de algunos  países latinoamericanos, acordaron conceder los siguientes premios previstos en las bases:
        
 Primer Premio: 375 €  para Susana Fuentes y Roberto Martín, vecinos de Alcobendas (Madrid)  por su relato titulado  “Misa de 8.

Segundo Premio: 75 € para Vicente Perez Masedo, de Madrid, por su relato “Encierro de hoy ”.

Asimismo,  el jurado acordó conceder una Mención Especial -dotada con un trofeo- al microrrelato “Encierro sonado”, de Manuel Román de la Sen , vecino de San Sebastián de los Reyes y también habitual en los concursos de fotrografía de los encierros locales.


Misa de 8

Por Susana Fuentes y Roberto Martin Arroyo*, de Alcobendas (Madrid) Primer Premio. IX edición microrrelatos sobre el encierro 2012.

“Nos vemos en misa de 8”. Roberto se despidió de David con la misma frase que todos los días, con esa letanía ilusionante y precisa que se repetía cada agosto, de cada año, y que llenaba de gozo su alma y de plenitud su cuerpo.

“Así sea”, contestó David sin más ornamento. Y siguió su camino hacia el descanso, desposeído, triunfal. Eterno. Roberto vio partir a su hermano y puso rumbo a su hogar, a sus rutinas, a esa vida mecida por su voz serena, por su tacto en calma, ahora  lleno de pulsión y de vida, de fuerza. Infinito. Poderoso.

Aquella liturgia, esa comunión tan ancestral como poética de la que Roberto y David habían participado, poblaba sus sentidos de una mezcolanza inapreciable para cualquiera que no comulgara del rito del encierro. De un aroma pesado y cálido a madera de talanquera, agua, asfalto y sudor. De un regusto vacío y hueco en la boca, entregada a la sed desde el filo de la lengua hasta la garganta. Caras, gestos, gritos y aplausos, la claridad del amanecer que envuelve la mirada una vez rendida la noche. Eco lejano de fiestas, derrotes que cortan el aire. Y en el mismo sacrificio, la gloria de vencer al miedo. Y un solo fin: llegar. Altivo y victorioso. Alcanzar el cielo. Acariciar el viento con la yema de los dedos, como un terciopelo o pálida tersura.

Roberto y David saboreaban aquella sensación imperecedera de vuelta a casa. La brisa arrastraba un rumor machacón de verbena, de plomiza fritanga, de las voces confundidas del taciturno y el madrugador. Pero, en su gozo, todo era un silencio que arrullaba su próxima resurrección: mañana, en la misa de 8.

Hasta entonces, cada hora, cada minuto, cada segundo, era una puerta abierta al recuerdo y a la esperanza: mañana, en la misa de 8, los fieles se entregarían de nuevo a la Eucaristía del encierro. Otra vez la pólvora y los nervios, el dolor y el triunfo, la tradición y la suerte, el toro y la vida.

*Conquense de nacimiento y madrileña de adopción, Susana Fuentes Arcos tiene su profesión en la prensa escrita, donde desarrolla tareas de edición. Morantista reconocida, divide sus pasiones entre las verónicas del de La Puebla, sonetos de Garcilaso de La Vega y la gramática española, mientras da vida a sus escritos como bloguera bajo el seudónimo de Luisa Tomás, nombre con el que ha publicado también algunos relatos.

Alcobendense desde casi el inicio de sus días, Roberto Martín Arroyo tiene su profesión en las tecnologías del aprendizaje de idiomas online, donde desarrolla tareas de técnico informático. Una de sus grandes pasiones son los toros. Asiduo corredor del tramo Postas con Real en los encierros de Sanse, no deja escapar la ocasión de convertirse en aficionado práctico: mozo de espadas, "tapia" ocasional e incluso banderillero circunstancial. En definitiva: los toros, desde la barrera… Y, si es posible, más cerca.

Encierro de hoy

Por Vicente Pérez* (Madrid). Segundo Premio. IX edición microrrelatos sobre el encierro 2012
 A esta hora, bajo la cálida mañana y la bóveda del cielo como una placa azul en la que discurre alguna rápida y tímida nube blanca, comienza, ahora sí, el encierro, y los toros vibrantes de nervio y luz emprenden su veloz carrera, sus astas como afiladas lunas, lunas que mecen en el aire, que señalan desafiantes, ardientes como plomo fundido, definitivas como una verdad puesta sin pudor sobre la mesa. Y él, Gabriel, corre delante de esos toros, y ve, cuando gira la cabeza, su avanzar desafiante, y él piensa qué ojalá en la vida fuese todo así, tan claro, sin mentiras, tan a pecho descubierto. El toro usa la sinceridad, va por derecho, conoces lo que es. Qué raro un ser así en estos tiempos, tiempos de la falsedad y la estafa, en los que se aplasta a los débiles e indefensos con cualquier laberíntica coartada, con cualquier trampa o truco sucio. Qué rara su desprendida y desnuda bravura. Desde el principio sabes que te puede coger, no maquilla y difumina su ímpetu, los rasgos vertiginosos de su peligro. El juego es limpio. Las cartas no se ocultan. Las máscaras no existen. Y Gabriel, sudoroso, esforzado, coqueteando con la muerte, esto es, haciendo una promesa de amor a la vida, reafirmando el valor de ella, sintiéndola con más fuerza, recorre, entre los corredores y los sonidos, con la visión cercana de los toros, ajeno a incidentes, el trayecto previsto. Y, apoyado en una de las barreras, sin poder evitar las lágrimas, recuerda a su padre que murió hace dos semanas y corría siempre el encierro. Él, que no lo había hecho nunca, lo ha hecho este año por él.
 *Vicente Pérez, natural de Madrid y Licenciado en Ciencias Políticas, es un habitual concursante a premios literarios habiendo obtenido diversos galardones como el Primer Premio de Poesía Ciudad de Altea. 2008 o el Segundo Premio de la IX Edición Concurso de Cuentos “Ciudad de Marbella”. 2008.

Un encierro Sonado (Encierronopatopeyas)


Por Manuel Román de la Sen, de San Sebastián de los Reyes. (Madrid). Mención Especial. IX edición microrrelatos sobre el encierro 2012

¡Tic tac! ¡Tic tac! ¡Tic tac! ¡¡RIIIIINNNNNNGGGGGGG!!, hace ya dos horas que te enmarañas con las sábanas, pero a la señal, saltas como un resorte de la cama.

¡Ñiiiicccc!.... ¡¡CLANK!! ¡Chac Chac! ¡Pam pam!, según te acercas percibes el sellado de la manga, abrochando puertas y compuertas, clavando, trancando talanqueras.

¡Uuuuu! ¡Uuuuu! ¡Niiiinoo! ¡Niiiinoo! ¡TUHC! ¡TUHC! ¡TUHC! ¡TUHC!, oyes sirenas de ambulancia, policía, y hasta un helicóptero, que te sitúan definitivamente.

¡Buenos días! ¡Bonyuuur! ¡Qué tal! ¡Psh!, los de siempre entonáis los músculos y el alma, refugiados en una bocacalle; apartados como reses, ausentes como toreros en capilla.

¡No citen a los toros!... ¡Al entrar a la plaza ábranse en abanico!, la megafonía emite machaconamente la cantinela de cada mañana, día tras día, año tras año.

¡Lub-dub! ¡Lub-dub! ¡Lub-dub!, la espera infarta tu corazón a 160 pulsaciones antes del solemne retumbe del cohete, mientras torturas tu periódico, retorciéndolo sin piedad.

¡Fffhhfhhshfhsshsssssss!... ¡BUMMMMM!, restalla el trueno y te tragas el sobresalto, aguantas impávido y arrancas tu trote tranquilo, acelerando sin prisas.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Iiiieehhhh!, oyes como desde las talanqueras gritan histéricamente al diablo, tratando de espantarlo, y algunos tal vez para lo contrario.

¡PLAF! ¡AY! ¡ZAS! ¡CRASH! ¡Uf!, saltas, y te escabulles de una montonera de mozos despanzurrados, que anhelan camuflarse entre las bandas del paso de cebra.

¡Caclop! ¡Tolón! ¡Caclop! ¡Tolón!, te agarran y te empujan, pero tú, dejas llegar el peligro, entonces todos te rebasan abriendo paso al dolor hecho furia, ariete y astas.

¡Snief!... ¡Fiuu! ¡Snief!... ¡Fiuu!, ahora no oyes nada, sólo tu resuello y el de dos jaboneros y un buey envolviéndote. Y por fin lo consigues; estás guiando la manada.

¡Liruliii! ¡Liruliii! ¡Liruliii!, ¡Sí mamá… ¡siiii! … todo bien… ¡que nooo!... a nadie… ahora subo unos churros.


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