A.C. El Encierro

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miércoles, 4 de julio de 2018

Volver a empezar", de Faustino Lara, de Toledo, Primer Premio de la XV Edición (2018) del Concurso de Microrrelatos, de la Asociación Cultural El Encierro

Los textos de los microrrelatos ganadores en la decimoquinta edición se incluirán en el calendario del encierro de 2019

San Sebastián de los Reyes, 3 de julio de 2018.  El jurado estuvo presidido por Tatiana Jiménez Liébana, Concejala Delegada de Presidencia, Economía, Hacienda, Desarrollo Local y Empleo del ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes y formaron parte de él como vocales: Manuel López Azorín, escritor y poeta y los siguientes representantes de la A.C. El Encierro: Manuel Durán, documentalista gráfico y presidente de la misma; Fernando Corella, humorista gráfico; Ainhoa Izquierdo, diplomada en Turismo Internacional y Pedromaría Rivera, músico y cohetero del encierro de Sanse, que hizo las funciones de Secretario.

Después de deliberar sobre los relatos presentados acordaron, por unanimidad, conceder los siguientes premios previstos en las bases:

Primer Premio: 400 € y Trofeo, para el microrrelato titulado "Volver a empezar", de Faustino Lara Ibáñez, de Toledo.

Segundo Premio: 100 € y Trofeo, para "Pablo", de José Javier Campión Ilundain, de Pamplona (Navarra).

Nominación Especial inspirada en Sanse: 100 € y Trofeo, para "La vida en tres minutos", de Antonio Martínez Galán, de San Sebastián de los Reyes .

Menciones Especiales: Aparte de los premios anteriores y a la vista del nivel de los trabajos presentados, el jurado concedió dos Menciones -sólo Trofeo-, a los microrrelatos titulados:

-"Reunión", de Raúl Clavero Blázquez, de Madrid y "La cuenta atrás", de Gema Moreno Fernández, de Sanse.
Enhorabena a tod@s¡¡

Primer Premio 2018:
Volver a empezar, de Faustino Lara Ibáñez, de Toledo

Julián, cariño, hoy es el primer encierro –le susurras al oído cuando la primera luz de una mañana radiante se cuela en vuestro dormitorio. Utilizas un tono de voz dulce en el que se perfilan los acordes de una ternura que brota de ese amor puro que ambos habéis alimentado durante varias décadas de ilusiones y sueños compartidos. Él, como si de repente fuera ajeno a la enfermedad que le mantiene postrado en cama desde hace varios años, como si una fuerza sobrenatural le empujara a moverse con movimientos rápidos y certeros, se rebulle con ligereza entre los pliegues de las sábanas y se incorpora con una energía impropia de su estado. Hoy no es necesario que le sirvas de cayado. Hoy te mira a los ojos con determinación, te sonríe y tienes la impresión de que desaparece la pátina de ese algo gélido con la que te mira a diario y que necesita decirte que ha llegado el día que tanto ha estado esperando durante tantos meses, que hoy vuelve a ser ese joven sansero que te enamoró durante un encierro de hace muchos años.

Hoy Julián desayuna sin tu ayuda, se viste con una gracilidad sorprendente y se dirige hacia el balcón con vistas a la calle Real. Le acompañas. Le sigues muy de cerca, disfrutando a tu modo, en silencio, de esta especie de milagro. Le acercas una silla para que se sienta cómodo y acolchas su hombro con el cariño de tus manos, calibrando con cada uno de tus dedos la temperatura de su ilusión. El chupinazo marca el inicio del encierro. En apenas unos segundos pasarán los mozos corriendo delante de los morlacos y te emocionarás al verle disfrutar de bellas carreras en las que cada uno desplegará toda esa valentía que lo vincula con una especie de ritual atávico. Volveréis a escuchar el griterío de la gente, a sentir la pasión, la emoción, y veréis una vez más cómo las talanqueras se convierten para muchos en un preciado salvavidas. Y cuando llegue ese momento sentirás que el destino os da otra oportunidad, que todo vuelve a empezar.
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Segundo premio 2018:
"Pablo", de José Javier Campión Ilundain, de Pamplona (Navarra).

Vaya preguntas que me haces, Pablo. Qué me gusta, ¡a mi edad!, ojalá hace cuarenta años me hubiesen hecho la misma pregunta. A estas alturas sé que me queda poca vida. Me gusta poder vivirla, sin más. Que el despertador me dé los buenos días a las siete, en esas pocas mañanas de agosto. Sentarme en el borde de la cama, respirar, sentir que estoy vivo. Saber, que a la noche y al miedo a que la muerte me atrape dormido, he podido vencer una vez más.

Escuchar desde la cocina los ecos lejanos de la fiesta y asomado a la ventana observar a los viejos como yo, mientras caminan apresuradamente y en silencio en busca de un buen sitio en La Tercera. Pienso en cómo son sus vidas, tan diferentes, pero con un mismo final. Mientras, me dejo mimar por el sol que acaricia mi cara llena de surcos.

Me gusta mirar de soslayo a tu abuela, me parece tan hermosa. Me fascina descubrir con esta edad, que me gusta. Sobre todo, sus ojos verdes con el cansancio de toda una vida en ellos.

Comerme una tostada de pan con aceite y ajo con los amigos después del encierro y disfrutar con las señas escondidas de una partida de mus. Un gran libro; una buena poesía.

Me emociona escuchar y sentir la letra de una buena coplilla. Recuerdo una que me gusta, “Paseo calle Real. Por Estafeta, tal vez, nos encontremos con los amigos dispuestos para correr. Al alba, me voy para la fiesta…”

Me recuerda a mi hermano contándome mil historias de bravos y castrados bajo los cielos de Sanse. El olor a orines y boñiga de toro. Y recordar a mi madre impaciente, calentando en un puchero café y leche en aquella vieja cocina económica, esperando a que mi padre volviese de jugar a no morir. Ya ves, Pablo, todo lo que me gusta, pero lo que más…recordar.
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Nominación Especial’2018 inspirada en Sanse:
La vida en tres minutos, de Antonio Martínez Galán, de Sanse .

La luz te ciega. Esperas casi un año para tener toda esa claridad delante de ti, y en ese momento sientes el temblor de piernas que solo se siente cuando estas ante retos importantes.

Arrancas un camino de aprendizaje en el que las primeras cuestas te muestran que el camino no será fácil.

Competitividad, esfuerzo y por qué no, peligros que demuestran que la inconsciencia y la incertidumbre forjan el carácter de la sabiduría.

Con esa experiencia llegamos a la zona de las curvas, allí donde buscamos nuestro lugar en el mundo, y donde se fragua nuestra personalidad.

Nuestras relaciones con el entorno se hacen más grandes y más fuertes.

Gentes llegadas de otras partes de España, de otras partes del mundo, pasan a nuestro lado dejando ese poso que solo las personas de fuerte arraigo son capaces.

Incluso las personas más cercanas que durante un tiempo pasaron desapercibidas, en ese momento se sienten más próximas.

Se trata de ubicarnos, solos o acompañados, cerca o lejos del peligro, pero siempre aprovechando esos momentos que sabemos que no volverán.

De repente la vida gira y afrontamos la última etapa. Esa en la que todo va cuesta abajo, esa en la que la experiencia nos aporta la tranquilidad suficiente como para ver pasar rápidamente a otros por izquierda y derecha y en la que nos dedicamos simplemente a disfrutar de lo que nos queda.

Has pasado por Leopoldo Gimeno, Real Vieja, Postas, Real, Estafeta…
Has pasado por la edad infantil, por la edad adulta…

Pueden ser tres minutos o puede ser una vida entera, pero al final todo acaba en LA TERCERA.
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Primera Mención Especial 2018:
Reunión, de Raúl Clavero Blázquez, de Madrid.
            
Celebrar juntos las fiestas del Cristo de los Remedios es la única costumbre que hemos conseguido mantener en nuestro grupo de amigos, y por eso no hay nada que nos impida presentarnos en San Sebastián de los Reyes, puntuales, la última semana de cada mes de agosto.

Asistimos al Triduo, nos mezclamos con las familias en los pasacalles y los desfiles de Cabezudos, y algunos de nosotros fantaseamos todavía con volver a correr en un encierro.
Durante siete días cantamos, bailamos, reímos, y recordamos, sobre todo recordamos: los nombres, los oficios, las tradiciones que el tiempo ha ido sepultando sin piedad.

Al llegar al final de la semana nos arrebata inevitablemente la nostalgia. Mientras asistimos a los fuegos artificiales de despedida, siempre hay quien se lamenta de no poder sentir de nuevo el viento en la cara y el miedo en los talones, o quien habla de la emoción de rescatar a un caído de una montonera, o quien se acuerda del sonido a tambores de guerra que hace el corazón en el mismo instante en el que sueltan las reses. Cuando el cielo se apaga, antes de que nuestros cuerpos se desvanezcan mansamente, aprovechamos para abrazarnos en silencio, después nos damos la media vuelta y regresamos, obedientes y con paso tranquilo, a nuestras tumbas.

Hasta el año que viene. 
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Segunda Mención Especial 2018:
La cuenta atrás, de Gema Moreno, de Sanse.

Este podría ser su último encierro y lo sabía. “Cuando hay toros de por medio cualquier cosa puede pasar”, decía su abuelo.

-Buenos días, compañeros- saludaba mientras trepaba por la talanquera hasta colocarse junto a los gráficos, con sus objetivos ya dispuestos a retratar cada instante. 
-¿Qué tal, guapa? Dichosos los que no tienen que madrugar tanto. Aquí tienes un hueco- le recibió su cámara con dos besos. 
-¿Voy por unos churros?
-No, mejor los dejamos para después.

Ya con su cuaderno en mano repasaba el nombre de la ganadería del día y las características de las reses de la corrida de la tarde, así como el nombre de sus diestros. Con un ojo puesto en el programa de fiestas y otro en el reloj, aún le daba tiempo a hacer alguna foto a los corredores más experimentados. A estas alturas de su vida le resultaba tan fácil detectarlos entre la multitud, como si de un radar se tratara. 

Mientras, recordaba a su abuelo. Desde los seis años la hacía madrugar para ir al encierro y ella lo hacía entusiasmada. Con la fresca, subían por calle Real y rara vez ella le adelantaba: “venga, no te pares, que soy yo al que le cayó una bomba en el pie durante la guerra”, la recriminaba cuando ella se paraba a atarse las zapatillas para coger aire y terminar de correr cuesta arriba. Ya en la esquina con Postas, aún le quedaba tiempo para acurrucarse y ver, por un agujerillo, el espectáculo en blanco y rojo de hombres saltando y periódico en ristre.

Sin soltarse de la mano de su abuelo, ambos sentían el pulso del corazón y la respiración acelerada ante lo que estaba por comenzar: “Hemos llegado a tiempo”, le sonreía al escuchar el chupinazo.

Casi cuarenta años después volvía a sentir la misma emoción en el último de feria, dispuesta a narrar en una crónica de un minuto la locura de unos cuantos en poco más. Mientras Pedro María Rivera guardaba su chisquero, la fugaz y genuina magia del encierro arrancaba. Siempre igual, aunque diferente.
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 San Sebastián de los Reyes (Madrid) + info: +34 617 544 268

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